5 de septiembre de 2006
Parlamento de Canarias
COMPARECENCIA SOBRE LA LLEGADA MASIVA DE INMIGRANTES
IRREGULARES A CANARIAS
Adán Martín Menis
Presidente del Gobierno de Canarias
Buenos días
Permítanme, señorías, que comience mi intervención
con una referencia a una noticia leída en la prensa nacional
hace unos días:
El pasado 25 de agosto una tromba de agua arrastró una
treintena de vehículos hasta el mar en la población
de Calella, en Cataluña, aunque afortunadamente-,
ninguno de los coches llevaba ocupantes. Durante cinco días,
una embarcación de la Guardia Civil, otra de la Cruz Roja,
junto a dos embarcaciones del cuerpo de Bomberos, siete submarinistas,
un helicóptero y una dotación terrestre trabajaron
sin descanso para sacar a la superficie a los turismos sumergidos.
Es reconfortante comprobar cuántos medios humanos y materiales
se movilizan para recuperar una de las más preciadas posesiones
del ciudadano del primer mundo: su coche.
Sin embargo, en otra zona del territorio nacional cientos de
seres humanos (y digo cientos esperando que no sean miles en realidad)
mueren ahogados en las aguas del Atlántico sin que nadie
pueda evitarlo.... Y me pregunto, les pregunto a todos ustedes,
al gobierno español, a Europa: ¿efectivamente nadie
puede evitarlo? No deja de ser llamativo que ese despliegue no
se produzca con la misma rapidez y profusión de medios
para evitar daños en la que es la única posesión
de los que se embarcan desde las costas africanas para llegar
a las de Europa: su vida.
Señor presidente, señorías,
Comenzar con este ejemplo pudiera ser tachado de extremo. Pero
no es menos cierto también que se trata de un ejemplo real
que refleja con crudeza las contradicciones y diferencias existentes
todavía entre el primer y el tercer mundo. Entre lo que
vale la vida de un ser humano de primera o de tercera, dicho esto
con todas las comillas que permita la ortografía. Y entre
el abismo que separa la respuesta que damos a los que consideramos
nuestros problemas y la que prestamos a lo que nos parece un asunto
de otros, aunque ese asunto sea el riesgo de morir
intentando escapar del hambre, la guerra y la miseria.
No sé si hace falta recordar que el dispositivo de vigilancia
(y rescate, no lo olvidemos) Frontex cuenta tan sólo con
tres barcos, un avión y un helicóptero. Y que con
esos medios se pretende atender (y digo atender también
con todas las comillas) los 2.250 kilómetros que suman
las costas de Cabo Verde, Senegal y Mauritania y a los inmigrantes
que se encuentran en ese espacio marítimo poniendo en peligro
sus vidas.
Señor presidente, señorías
Más de veintidós mil personas han afrontado ese
peligro en aguas atlánticas en lo que llevamos de año,
y, afortunadamente, han podido llegar en mejores o peores condiciones
a tierra canaria. Tenemos constancia de que más de quinientas
no lo consiguieron, aunque sabemos que pueden ser muchos más:
el mar no siempre devuelve sus presas... Y estas cifras se vuelven
viejas por horas, porque la velocidad a la que suceden los acontecimientos
exige una actualización permanente de los datos.
¿Cuántas víctimas más serán
necesarias, cuántas fotos de cuerpos exhaustos hacen falta
para que España y Europa se convenzan de que éste
es un problema que nos afecta a todos y al que entre todos hemos
de buscar solución?
Señorías,
Sólo durante el mes de agosto casi seis mil inmigrantes
irregulares llegaron a las costas canarias, superando el total
de los llegados a lo largo de todo el año 2005. Quiero
resaltar que se les ha prestado atención y ayuda inmediata
a todos. Con nuestros propios medios. Con responsabilidad y solidaridad.
Con humanidad.
Canarias no tiene competencias por tanto, tampoco medios,
ni personales, ni materiales ni financieros- en materia de extranjería
e inmigración.
Aún así, el Gobierno de Canarias ha seguido buscando
una salida al problema. Y a lo largo del pasado mes de agosto
el Gabinete de crisis formado para afrontarlo ha seguido manteniendo
reuniones, realizando gestiones y proponiendo medidas, acciones
y soluciones concretas para paliar no sólo las oleadas
de cayucos en nuestras playas, sino el riesgo que corren estas
personas en ese viaje infernal y los efectos que sobre nuestros
servicios y estructuras sociales provoca un fenómeno descontrolado
y en aumento.
El Gobierno de Canarias ha realizado gestiones ante los gobiernos
de Senegal, Cabo Verde, Marruecos, etcétera, por encima
incluso de sus competencias legales o de sus obligaciones jurídicas.
Porque y esto me gustaría dejarlo muy claro- no nos
hemos limitado a exigir al Estado o a Europa que asuman y cumplan
sus obligaciones. Creemos que a pesar de que este Archipiélago
no puede firmar tratados, ni adoptar acuerdos internacionales,
ni maniobrar en materia de extranjería e inmigración
más allá de la asistencia humanitaria que ya damos...
Creemos que a pesar de los límites estrictos que nos constriñen,
estamos obligados moralmente a colaborar, trabajar y buscar soluciones
conjuntas a un drama humano de enorme envergadura.
Ningún gobierno español ni actual ni pasado-,
ninguna autoridad europea, ningún gobernante africano podrá
decir lo contrario. La ayuda ofrecida por el Gobierno autonómico,
las administraciones insulares y municipales, la solidaridad del
pueblo y los ciudadanos de Canarias con todos cuantos han llegado,
así como la disposición y colaboración con
cuantas iniciativas se han propuesto desde dentro y fuera del
Archipiélago, y nuestra dedicación y esfuerzo en
la búsqueda de soluciones, están fuera de toda duda.
Como están fuera de toda duda la entrega y el trabajo de
todos los que forman parte de los dispositivos que operan en Canarias:
policía nacional, guardia civil, salvamento marítimo,
cruz roja, organizaciones no gubernamentales, etcétera.
Si no hacen más es porque no se les ha dotado de personal
y medios suficientes para afrontar una situación que también
a ellos desborda.
Señorías,
Anunciamos hace años lo que podía llegar a ocurrir
y fuimos duramente criticados por ello. Anunciamos no sólo
que la inmigración en pateras y cayucos iría en
aumento. Dijimos también que si el origen de estas embarcaciones
fue Marruecos, después sería de países situados
cada vez más al sur. Y efectivamente, el viaje comienza
ya en Mauritania o Senegal: cada vez más lejos, cada vez
más peligroso, cada vez más muertes.
Denunciamos cuando las pateras llegaban masivamente a Lanzarote
y Fuerteventura- que éste no era un problema de dos islas,
que era un problema de Canarias y del Estado, pero fuimos acusados
de alarmistas. Y nos quedamos sin voz defendiendo una política
sobre inmigración para Canarias y una política para
Africa que se anticipara a los acontecimientos que veíamos
venir. Los ciudadanos y las instituciones de Lanzarote y Fuerteventura
saben muy bien de lo que estoy hablando, porque, junto a ellos,
el Gobierno de Canarias reclamó una acción inmediata
y efectiva para frenar un fenómeno que ahora ha incrementado
su número y su tendencia, pero que sigue siendo el mismo
que denunciamos entonces.
Pedimos al Estado que consiguiera acuerdos con los países
que podrían convertirse en puerta de salida de cayucos
antes de que el fenómeno comenzara, pero una vez
más- no se reaccionó a tiempo. El jueves pasado
se publicó que una nueva ruta podría estar comenzando
en Guinea Conakry. Y seguirá lo anunciamos y denunciamos-
seguramente hacia Gambia y Guinea Bissau.
Solicitamos una entrevista específica con el presidente
del Gobierno de España para tratar este tema, entrevista,
por cierto, que se hizo esperar dos meses. Propusimos y
se aprobó- una resolución sobre inmigración
clandestina en la última Comisión de Islas de la
CRPM y trasladamos al Gobierno del Estado el acuerdo sobre control
de fronteras marítimas adoptado el 9 de mayo.
Venimos exigiendo, en definitiva, que se cumplan los compromisos
anunciados por la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa
Fernández de la Vega, en marzo pasado. Compromisos que
están en la línea de las resoluciones aprobadas
por esta Cámara con motivo del Debate del Estado de la
Nacionalidad y ratificados después tras el pleno monográfico
sobre la llegada masiva de inmigrantes a Canarias celebrado en
mayo.
Fue este Parlamento también el que definió el fenómeno
de la inmigración irregular que llega a nuestras Islas
como una cuestión de Estado. Los ciudadanos canarios lo
consideran uno de los problemas más importantes a los que
nos enfrentamos. El resto de ciudadanos españoles, también.
Porque las migraciones irregulares son, en primer término,
el resultado de una tragedia. Los desplazamientos de población
en el mundo están provocados por causas diversas: la pobreza,
la presión demográfica, los conflictos étnicos,
la guerra, la destrucción ambiental. Y se producen siempre
desde países o continentes pobres hacia países o
continentes ricos. O, al menos, más ricos que los de origen.
Los motivos por los que prácticamente un continente entero,
Africa, con unos recursos naturales más que importantes,
se encuentra sin embargo en la situación apocalíptica
y dantesca en la que está exigiría, sin duda, mucho
más que una sesión parlamentaria. Para empezar,
nos obligaría a una reflexión sobre el papel y la
herencia dejada por los europeos en las que fueron colonias y
protectorados del viejo continente en siglos pasados.
El secretario general de Naciones Unidas expresó muy bien
lo que me gustaría dejar claro en primer lugar. Dijo Kofi
Annan que: el problema de la inmigración irregular
no se resuelve con arrestos, sino con derechos humanos. Empezando
por una movilización general a favor de la ayuda que desde
hace más de cuarenta años se viene escamoteando
a los países más necesitados.
Paradójicamente, casi todos los gobiernos de los países
más desarrollados coinciden en que los procesos migratorios
no son malos en sí mismos. Incluso, en determinados momentos
de la Historia, han sido muy necesarios, fundamentales, para el
desarrollo de algunas sociedades. Pero no es menos cierto que
para que esos desplazamientos sean positivos tanto para los países
emisores como para los receptores tienen que ser ordenados, regulados
y dilatados en el tiempo.
Es necesario garantizar que la sociedad que recibe a los inmigrantes
pueda acogerlos e integrarlos de forma digna, laboral y socialmente.
Por eso defendemos la existencia y estricta aplicación
de cupos razonables y regulados para los inmigrantes que llegan
por puertos y aeropuertos, que es una vertiente del problema.
Y por eso exigimos una política decidida para acabar con
la que llega en cayucos y pateras de forma lamentable, que es
una segunda vertiente mucho más trágica.
Tenemos fundadas razones para insistir en un tratamiento específico
sobre la inmigración irregular en Canarias.
La primera y me voy a detener sólo un minuto en
ella, porque no es el tema específico de esta sesión-,
es que en Canarias el incremento de población que provoca
la inmigración irregular que llega a través de puertos
y aeropuertos está provocando una elevada presión
social, afectando al suelo y al medio ambiente y dificultando
la sostenibilidad de servicios públicos como la sanidad,
la educación, etcétera. Y eso lo llevamos mucho
tiempo denunciando ante los sucesivos gobiernos de la Nación.
Y seguiremos reclamando que cuando se elaboren los presupuestos
del Estado se haga teniendo en cuenta a la población de
hecho que efectivamente vive en las Islas.
La segunda, que ese incremento de población en España,
pero sobre todo en Canarias, debe regularse de manera eficaz,
eficiente y asimilable a través de cupos legales. Porque
un territorio archipielágico y reducido como el nuestro,
no puede asimilar como lo estamos haciendo- más de
un cuarto de millón de personas en cinco años. Canarias
no es un territorio abierto que pueda canalizar de forma natural
esos flujos de personas. Y si éstos, además, se
producen a través de puertos y aeropuertos (sobre los que
no tenemos competencias), el control y el margen de maniobra sobre
ellos por parte de la Comunidad Autónoma es nulo.
La tercera razón es, sin duda, la más dramática
y la que hoy ocupa esta sesión parlamentaria. Porque la
cara más amarga de la inmigración irregular que
recibe el Archipiélago es la de aquellos que pretenden
llegar a Europa utilizando la puerta canaria a bordo de frágiles
embarcaciones que en muchos casos no aguantan esa larga y dura
travesía. El viento de la tragedia está soplando
hacia Canarias.
Me gustaría dejar claro que mi objetivo no es iniciar
un debate en el que nos tiremos las culpas por encima de los escaños.
Ni aquí, ni con el Gobierno central, ni con el europeo.
Cada cual debe asumir la cuota de responsabilidad que le corresponde
(y serán los ciudadanos y la historia los que juzguen).
Pero sí es cierto que Canarias, señorías,
no sólo está asumiendo esa cuota, sino que está
superándola con creces.
No estoy hoy aquí para decir que no podemos hacer nada.
Porque lo estamos haciendo. Empezamos a hacerlo hace años,
anticipándonos a los acontecimientos.
Estoy aquí, señorías, para decir que los
medios que emplea el Estado en Canarias no son suficientes, aunque
los que están se dejen la piel en su trabajo. Estoy aquí
para decir que faltan medios materiales y humanos. Que falta una
política efectiva hacia Canarias y hacia Africa. Del Estado
y de Europa.
Y que lo que sí podemos -y debemos- hacer en Canarias,
todos, es alzar la voz para que nos oigan en Madrid y Bruselas,
reclamando colaboración, esfuerzo y una mayor implicación
para buscar una salida a corto, a medio y a largo plazo. Estoy
aquí para decir que, como siempre, Canarias colaborará
con cuantas acciones se emprendan. Es más y seguiremos
así en el futuro- hemos tomado la iniciativa sin esperar
por los que realmente tienen más medios, más capacidad
y todas las competencias para hacerlo:
Fuimos a hablar con tres comisarios europeos con competencias
en la materia y hemos visitado Mauritania, Senegal y Cabo Verde
para atajar este problema, incluso antes de que lo hicieran las
autoridades nacionales. Hemos propuesto la modificación
de la Ley de Extranjería, la modificación de la
Ley del Menor, de la Ley Orgánica del Poder Judicial y
del Código Penal. Hemos seguimos haciéndolo
todos los días- atendido sanitariamente a todos los inmigrantes
que llegan a Canarias de forma irregular y necesitan de nuestros
servicios. Hemos empleado recursos propios, como los de Emergencia,
el 1-1-2 y los centros de urgencias canarios. Hemos pedido participar
en todos los órganos conjuntos que el Estado ha ido proponiendo,
muchos de los cuales por cierto no han llegado a ver la luz.
Hemos mantenido reuniones con autoridades de la Unión
Europea y de todos aquellos países emisores o de tránsito
de inmigrantes irregulares (Mauritania, Senegal, Cabo Verde, Marruecos).
Llevamos años pidiendo una política más restrictiva
de empadronamiento, o, al menos, que los padrones municipales
permitan conocer la situación jurídica de los residentes
en el municipio. Llevamos años pidiendo más rigor
en el control de movimientos de personas extracomunitarias que
llegan a Canarias a través de los aeropuertos. Hemos pedido
que se reúna un gabinete de crisis del Gobierno central
durante el mes de agosto para tratar una situación que
ya es insostenible.
Hemos pedido una mayor presencia diplomática de España
en Africa, tanto cuando gobernaba el PP como ahora con el Gobierno
de Rodríguez Zapatero. Hemos pedido un incremento del presupuesto
destinado a Africa por el Estado, antes y ahora.
Hemos solicitado el despliegue de efectivos civiles y militares
para disuadir a los traficantes de seres humanos de que sigan
embarcando en pateras y cayucos a miles de desesperados. Hemos
pedido una mayor coordinación de los medios empleados en
la vigilancia de costas. Sin embargo, cuatro ministerios siguen
teniendo competencias en esa vigilancia, con los problemas que
de ello se puede derivar. Me gustaría resaltar que la primera
medida adoptada por el Grupo de Trabajo de Plataforma Logística
creado en 2005 fue el refuerzo de la vigilancia de las aguas y
costas de Canarias. Solicitamos igualmente que el Estado desarrollara
un sistema de información o inteligencia en los países
de origen de la inmigración irregular que permitiera adelantarnos
a los acontecimientos.
Estamos acogiendo a casi el triple de menores de los que estamos
capacitados para acoger. Hemos pedido reiteradamente que el Estado
cumpla con su obligación de procurar el reagrupamiento
familiar y que hasta entonces- promueva la corresponsabiliad
del resto de comunidades para redistribuir a los menores inmigrantes.
Hemos pedido muchas veces que se haga cargo de esos menores, porque
es el Estado y no las comunidades autónomas el responsable
último de su cuidado y nosotros no podemos hacerlo con
las debidas garantías para ellos. Incluso, sin ser nuestra
responsabilidad, hemos ido a países africanos como Senegal
para plantear el problema de los menores inmigrantes y tratar
de dar una respuesta a esta grave situación.
Hemos pedido que la Unión Europea dé a Canarias,
como frontera sur, el mismo tratamiento de protección que
ya dispensa a otras zonas del Mediterráneo. Hemos incrementado
los recursos destinados a la integración de los inmigrantes,
a su atención sanitaria, a su educación. Hemos luchado
y conseguido- que la Casa de Africa se establezca en Canarias
como un organismo en contacto directo con la realidad del continente
vecino. No hace falta recordar que fue en 1998 cuando creamos
una dirección general de Africa, por primera vez en la
historia del Archipiélago, dependiente entonces de la Vicepresidencia
y ahora de la Presidencia. Y que, a partir de ahí, hemos
aumentado exponencialmente los recursos destinados a cooperación
internacional y, específicamente, el presupuesto destinado
a las relaciones de Canarias con Africa.
De hecho, desde el año 99 la política exterior
canaria ha incrementado su peso específico y sus acciones
tanto en Africa como en América. Por el contrario, las
políticas española y europea, sobre todo con respecto
a Africa, se han quedado raquíticas para afrontar la verdadera
dimensión de la realidad y la problemática del vecino
continente. Lo cierto es que desde hace veinticinco años
la política española con respecto a Africa ha ido,
siempre, por detrás y a remolque de los acontecimientos.
Señor presidente, señorías,
Canarias no puede por sí sola luchar contra esta desgracia,
ni podemos con nuestros únicos recursos paliar sus efectos
en nuestro propio territorio. Es una situación de emergencia.
La complejidad y envergadura que ha alcanzado la inmigración
irregular en Canarias exige un pacto de Estado entre todas las
fuerzas parlamentarias que establezca una política seria
y coherente con la dimensión del fenómeno.
Pero es más. En el año 2003 dije, textualmente:
Estamos convencidos de que la inmigración irregular
es un problema trasnacional, que supera el ámbito español,
afectando a la Unión Europea, y como tal debe ser afrontada.
La Unión Europea tiene la responsabilidad de arbitrar medidas
de contención y control, independientemente de las políticas
que cada uno de los países deben a su vez poner en marcha
dentro de su territorio.
Pues bien. No sólo creemos necesario que cada uno de los
Estados que conforman la Unión Europea arbitren medidas
para luchar contra la inmigración irregular dentro de su
propio espacio nacional. Y creemos que España puede hacer
más de lo que está haciendo. Mucho más. En
primer término, buscar alianzas que no lo ha hecho-
con los países europeos que más influencia tienen
en esta zona de Africa: Francia, Reino Unido y Portugal.
Es necesario una apuesta clara del Estado para terminar con una
situación que se puede desbordar. Es urgente que España
articule un frente diplomático hacia Africa que contemple
la cooperación al desarrollo, pero también la acción
política para conseguir la implicación de los propios
Estados africanos en la lucha contra esa inmigración descontrolada.
Y es urgente también una acción política
clara para afrontar el fenómeno de la inmigración
irregular sin esperar a que sea el Gobierno de Canarias o los
acontecimientos los que vayan marcando el paso de las medidas
que se arbitren. Hay que preparar y disponer de respuestas a todos
los escenarios posibles, porque lo cierto es que la realidad ha
sido siempre peor de lo que los sucesivos gobiernos de España
han venido previendo a lo largo de los años.
Pero además, defendemos un Pacto Europeo sobre Inmigración
Irregular que contemple la coordinación y establecimiento
de medidas conjuntas de toda la Unión para afrontar un
problema que supera los límites estrictos de los Estados
europeos. Y reclamamos que la Unión Europea contemple la
ultraperiferia del Archipiélago de Canarias también
en materia de inmigración irregular. Porque así
como Europa ha reconocido que territorios alejados y fragmentados
necesitan de medidas que compensen esa desventaja con respecto
a los territorios continentales en aspectos como el transporte
o el comercio, no cabe duda de que la insularidad y la lejanía
son los dos factores que convierten los efectos de la inmigración
irregular en Canarias en un embalse a punto de reventar. Independientemente
del drama humano que de por sí ya representa, sus efectos
pueden ser devastadores para nuestros servicios públicos
y nuestra economía, incluido el turismo.
Creemos que ése y no otro es el camino. Seguir trabajando
en Canarias para ofrecer la ayuda a la que todo ser humano tiene
derecho. Con nuestros medios, y más allá. Pero no
nos circunscribirnos a eso, a pesar de que es a lo único
que estamos autorizados. Seguiremos buscando soluciones, tomando
iniciativas, proponiendo acciones conjuntas, movilizando conciencias,
apelando a la responsabilidad del Estado y de la Unión
Europea, a los deberes de cada uno, a la cooperación con
Africa..
Aún siendo conscientes de que no es una competencia de
la Comunidad Autónoma de Canarias y de que, en consecuencia,
no contamos ni con los instrumentos políticos, ni con los
medios materiales o humanos para afrontarlos. Aún siendo
conscientes de ello, seguiremos actuando por responsabilidad,
por humanidad y porque es una de la mayores preocupaciones de
la sociedad y del pueblo de Canarias.
Seguiremos reclamando un pacto de Estado y un pacto Europeo en
el que se impliquen todas las fuerzas políticas y todos
los países de la Unión para alcanzar una gestión
diplomática, una política conjunta, coordinada y
efectiva en la lucha contra las mafias que trafican con los inmigrantes,
en la vigilancia de nuestras costas, en la distribución
de inmigrantes irregulares, en su repatriación, en el reagrupamiento
de los menores con sus familias, en la inversión para el
desarrollo de los países del Tercer Mundo.
El escenario en el que nos movemos es muy grave. Y sabemos que
si no se actúa ya, si no se buscan soluciones a corto,
medio y largo plazo, el riesgo que corremos es muy grande. No
podemos permitirnos ni perder tiempo, ni distraer esfuerzos en
disputas inútiles, estériles y partidistas.
Canarias siempre ha sabido estar a la altura de lo que la historia
y los ciudadanos de Canarias- exigían cuando lo que
ha estado en juego es nuestro futuro. Hemos logrado el consenso
en esta Cámara en todos los grandes asuntos de Estado o
en las grandes disyuntivas europeas a las que nos hemos tenido
que enfrentar. En el caso de la inmigración irregular en
el Archipiélago tanto de la que llega por aeropuertos
con visados que se incumplen, afectando a la sostenibilidad del
sistema, como de la que llega por pateras y cayucos, desbordando
nuestra capacidad de asistencia, nuestros centros de acogida y
nuestras posibilidades de ayuda- esa unidad es más necesaria
si cabe.
Desde la descolonización del Sáhara, no ha existido
una política española sobre el Africa subsahariana:
la cooperación al desarrollo ha sido mínima y la
acción diplomática nula. De lo que se trata, señorías,
es de que Canarias contribuya con el Estado -en la medida de nuestras
posibilidades- a recuperar el tiempo perdido. Desde la unidad,
desde el consenso, desde la responsabilidad y el compromiso con
nuestro pueblo.
Porque los hechos vienen demostrando día tras día
que no estamos preparados para un escenario de riesgo más
intenso que el actual.
No es ahora cuestión de mirar al pasado para el reproche
mutuo. Sino de mirar al futuro para armar conjuntamente medidas
razonables que encaucen el problemas. Y en este sentido, me gustaría
escuchar sus propuestas, las de todos los grupos parlamentarios,
antes de insistir nuevamente en todas las que hemos venido planteando
en los últimos meses.
Muchas gracias