Ley partidista de la memoria histórica
El 28 de julio del 2006, el Consejo de Ministros aprobó una mal llamada "Ley de Memoria Histórica de España". El disparate de esa ley es tal que hasta un alumno de 2º curso de bachillerato (del que tengo su consentimiento) escribía, el año pasado, en un trabajo para su instituto, lo siguiente: "Desde mi punto de vista, el propio concepto de "Memoria Histórica" es una redundancia u obviedad, porque es como decir "la memoria de la memoria". La Memoria Histórica no debe ser elaborada por políticos, ya que cada uno la haría a su manera, sino por auténticos especialistas: los historiadores. Según el director de la Real Academia de la Historia (don Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón), nadie ha consultado con ellos. Por otro lado, parece un contrasentido que el Gobierno se preocupe ahora por la historia cuando cada vez la tiene más marginada de los planes de estudio".
Continúa: "Creeo que lo único que se consigue es volver a vivir las trágicas consecuencias que conllevaron ese periodo de tiempo y ello implica los posibles daños psicológicos y morales de las familias afectadas al abrir viejas heridas".
Acababa el trabajo con la siguiente reflexión: "Y digo yo: si se quiere volver al pasado, ya sea para hacer justicia o para rendir homenaje a los caídos, cosa que me parece muy bien, ¿cómo es posible que se quiera borrar, a su vez, nuestra propia historia con la eliminación de monumentos, nombres de calles, etc.? No soy un defensor de la dictadura, ni mucho menos, pero considero que todos los monumentos, todos los nombres de las calles forman, en conjunto, parte de la Historia de España".
Se ve que este alumno no forma parte del más del 30% que han fracasado con la nueva ley de educación. Nos da una verdadera lección de sentido común, desde una mente limpia y clara.
Nos viene ahora el juez showman, socialista, de las mechas blancas, queriendo que le den una relación de los muertos de la etapa franquista. Es decir, de los muertos de uno solo de los bandos, el del Frente Popular. El mismo juez que en 1998 rechazó la querella de los que solicitaban justicia por la matanza de Paracuellos. De los alzados, al citado juez no le interesa saber nada. Quiere ignorar que la represión frentepopulista, en la retaguardia y sólo en Madrid y Barcelona (con las temibles checas), se cobró más de veinte mil vidas durante la guerra, es decir, tantas como el régimen de Franco en toda España tras la guerra. Guerra a la que, por otra parte y en un principio, Franco no quiso sumarse. Sólo lo hizo cuando se produjo el asesinato de Calvo Sotelo, el 12 de julio de 1936.
Respecto a los vestigios del franquismo, deberían permanecer como recuerdo de lo que nunca debió haber ocurrido. No es una ofensa a las víctimas. Es un recordatorio para las futuras generaciones, porque la Historia, si se olvida, corre el riesgo de que se vuelva a repetir. Esto lo han entendido muy bien los judíos y alemanes creando su museo del campo de Concentración de Auschwitz. En España, puede más el resentimiento que la razón.
Sarter
A las cajas de ahorros, recordando sus orígenes
Las cajas de ahorros nacieron a la sombra de los Montes de Piedad, con un carácter esencialmente benéfico, para ayudar al pueblo y liberarlo, a veces, de la usura que otros prestamistas sometían a quienes se veían en la necesidad de pagar deudas o no tenían lo necesario para poder vivir, mediante pequeñas donaciones o préstamos sin intereses. Si nos remontamos a sus orígenes, constatamos que estas instituciones nacieron ligadas a la Iglesia católica, como una forma más de hacer caridad con el necesitado. Con el transcurso de los años, este carácter benéfico se ha ido amortiguando bastante, de manera que hoy las cajas se diferencian poco de los bancos. Es verdad que realizan actividades de carácter social, cultural, festivo... casi siempre ligadas a instituciones y grupos, pero la ayuda personal al necesitado casi ha desaparecido de su actividad benéfica.
Estamos en una época de crisis, en la que hay familias que se quedarán sin la vivienda, que con grandes sacrificios están pagando, y que, por estar en el paro, no pueden seguir haciéndolo; otros han llegado a la situación de no tener para el sustento diario, y así podría seguir enumerando una serie de necesidades básicas, que sufre una parte de nuestros conciudadanos.
Yo invitaría a las cajas de ahorros a que, dadas estas circunstancias y temporalmente, dedicaran sus recursos sociales, culturales, festivos... a cubrir estas necesidades perentorias y dejaran aparcadas aquellas que no son estrictamente necesarias. Esta sería una labor que la sociedad vería con muy buenos ojos y los que de alguna manera estamos ligados a las cajas, con nuestro dinero, veríamos con mucho agrado. No sería otra cosa que la vuelta a sus orígenes.
Juan Rosales Jurado
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