1.- A veces, los periodistas cometemos injusticias con quienes se dedican a la política. Acabo de decir, en el libro de Aurelio González , que a mí no me importa pedir disculpas cuando hiero. Esta herida es vieja y ya hemos hablado, aunque poco, luego tampoco se trata de besarnos sin más. Creo que he sido bastante injusto con Ángela Mena , hasta hace poco tiempo asesora de la alcaldesa de La Laguna y ahora involucrada en tareas de participación ciudadana. Voces empezarán a tronar aludiendo a la época en que aparece este artículo y al poder electoral que el marido de Ángela, Paulino Rivero , puede tener. A mí todo eso me da igual, lo que quiero es reparar en lo posible la tristeza que he causado en una amiga antigua, aunque joven, y quizá en su familia. La zozobra que generamos los periodistas casi siempre se revuelve contra nosotros, los que todavía tenemos conciencia. Yo la tengo.
2.- Yo puedo hacer dos cosas. O seguir con las disculpas y aburrirles, por tanto, o hablar de futuro. Si hablo de futuro le diré a Ángela, de periodista en activo a licenciada en Periodismo, que en una Isla nos superan las presencias continuadas. Las mismas personas nos encontramos muchas veces y una maldita chispa que ha existido siempre nos enemista. Si ella y yo luchamos por las mismas cosas: por el nacionalismo, por la justicia, por la participación y por la cultura, ¿por qué no hacerlo juntos?
3.- A lo mejor nos han podido los respectivos entusiasmos. A mí no me gusta el poder. El poder tiene algo que me separa de casi todos mis amigos cuando llegan a él. Cuando mis amigos suben los peldaños de las instituciones yo me alejo, no me pregunten por qué. Hay, desde luego, alguna excepción, pero ésta no hace sino confirmar mi propia regla. Le diré a Ángela que estoy muy cansado; cansado de meterme con la gente; cansado de mi agorafobia; cansado de ir con mi familia por la calle y de que la gente se quede mirando y señalando, para bien y para mal; cansado de vivir en un lugar en el que las personas, tantas veces, han perdido el respeto a los demás. Por eso es una gozada pedirle disculpas, por si alguna vez fui más lejos de donde tenía que haber ido. No sé si seguirá siendo mi amiga; yo de ella sí.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD